domingo, 12 de mayo de 2013

¡Madre que me dio la vida!



¡Madre que me dio la vida!

Sofía Argüello Pazmiño

El viernes 10 de mayo se celebró en México el día de las madres. Mi hija Renata estuvo preparándose “en secreto” casi dos semanas antes. El 9 de mayo empezaron sus felicitaciones e innumerables abrazos y besos. Le pregunté por qué habríamos de celebrar el día de las madres y me dijo, muy orgullosa y convencida: “porque tú me diste la vida”. Repliqué y le pregunté si no creía que su papá también “le dio la vida” y que si no creía que la vida era mucho más que solo nacer. Se quedó pensando y musitando me respondió muy segura, y al furor de la celebración, que ella había nacido de mí!  Al día siguiente recibí sus cartas, sus poemas y una flor de origami que había hecho en su taller de la escuela desde hace casi dos meses.  Le agradecí a montones, le dije que estaban muy lindos sus regalos, la llené de besos y hasta la llevé a comer la hamburguesa que tanto quería en contra de mi decisión de no salir de casa para no encontrarme con el caótico tránsito que se arma en el DF por la celebración de tan “importantísima” fecha. Mientras comíamos le dije a Renata que en Ecuador se celebra el día de las madres el segundo domingo de mayo, y que esta vez le tocaría celebrarme también el domingo. Ella se negó aduciendo que “estamos en México” y que aquí se celebra el día de las madres el 10 de mayo. Yo le respondí que yo soy una madre ecuatoriana y que debo celebrar “mi día” el segundo domingo de mayo. Empezamos un interminable “qué sí, qué no!” tratando de probar quién de las dos tenía la razón. Renata me decía que aunque en Ecuador se celebre el día de las madres el segundo domingo de mayo nosotras no vivimos en Ecuador, y nos teníamos que acoplar a las costumbres de los mexicanos. Yo le decía que no me importaban tanto las costumbres de los mexicanos (argucia argumentativa, no es verdad!) porque Ecuador fue el país que “me dio la vida” y yo celebraría como se celebra en mi país! Renata me quedo viendo muy mal. Me dijo que a pesar de que ella había nacido en Ecuador quiere mucho a México y que no le parecía que mi argumento haya sido correcto, ya que no tenía nada que ver en cuál país haya nacido alguien para celebrar o no alguna fecha importante o para sentirse feliz por ser quien uno es! Entonces le objeté a que me diga por qué cuando le pregunté si no creía que su papá también le dio la vida, y no solo yo, ella me dijo que yo le di la vida porque nació de mí. Le dije que su vida es mucho más que haber nacido de mí, o haber nacido en un país, y que sus nueve años han sido llenos del amor, no solo mío, sino también de su papá, de sus abuelas, tías/os, primos/as, amigos/as. Le dije que su vida ha sido el pasar de muchas aventuras extraordinarias en dos países: los viajes que ha realizado, las comida que ha saboreado, las escuelas a las que ha ido, las canciones que ha aprendido, las/os amigos que ha conocido, los juegos que ha jugado, los instantes con sus mascotas e incluso la tristeza que ha sentido en varios momentos. Se quedó pensando, interpelada, no tuvo mucho qué decir. Solo sonrió y me dijo: “tienes razón, mami”. Cortamos la conversación y seguimos comiendo la hamburguesa mientras nos dábamos besos y abrazos.


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